aborrecida, chocante y repuñosa
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amaneceres color salmón
Y cuando digo salmón no es salmón cocido sino salmón crudo, brillante, vivo.
Eso es lo que tiene dormir con la ventana abierta: te levantan los amaneceres más bonitos del mundo.
silencio monástico
El motivo de mi silencio casi monástico es que estoy sumergida en aprender la historia de Pamplona. En dos días o así, porque tengo cursos teóricos que no tienen nada que ver con eso, que es de proyectos. Pero bueno, en cuanto a Pamplo: tiene una historia super interesante. Bueno, creo que la historia de cualquier ciudad debe ser super interesante si uno se mete hasta por los codos en ella. Por ejemplo, nomás pa quitarme el papel de arquitecta de enmedio y entrarle a lo demás, prosigo: los barrios más antiguos de Pamplona eran burgos en pugna, y en medio había un trozo de tierra de nadie. Por eso, el casco viejo, la parte medieval, está toda apeñuscada y densa y derepente hay plazas, porque ésas eran las zonas de nadie, la linea divisoria. Pero en cuanto a los personajes, es una pasada. Aqui hay un montón de cosas en referencia a Carlos III, monarca del Reyno de Navarra, y de hecho una de las avenidas principales de la ciudad lleva su nombre. Pero lo que pocos saben es que antes de Carlos III reinó Carlos II, también conocido como el Malo. Éste era un Santa Ana por donde se lo vea: perdió los territorios de Brie y quería recuperar Champagne pero nadamás no se pudo. Andubo haciendo alianzas con los de Castilla y también con los de Aragón, que estaban peleados entre sí. Y por si fuera poco, después de que hizo un desmadre se fue a refugiar a Francia 10 años en lo que se calmaban las cosas. Ya después se regresó a Pamplona, pero se enfermó. El doctor le recomendó que lo envolvieran en vendas mojadas en vino tinto (menudo remedio casero) para curarlo de su enfermedad. Pues la enfermera que lo estaba atendiendo llegó al cuello después de envolverlo todo, y no teniendo hilo para coserlo y cerrar el traje de vendas, se le ocurrió sellarlo con la cera de una vela. ¡Uh-oh! El hombre, bañado en vino como estaba, prendió fuego más rápido que un cerillito, y en lo que dices la-noche-que-Chicago-se-murióoo, ¡plaf! Estaba acabado. No me imagino la cara de la criada al comunicar la noticia: “Este…¿se acuerdan del rey? bueno… pues es que se me quemó”. Al final le sacaron el corazón por un lado y las vísceras por otro, y lo enterraron en tres lugares diferentes. El corazón está dentro de la catedral de Pamplona.
Suficiente interrupción del silencio. Tengo que ponerme a trabajar.



